Que si Dickens, que si Capra

Lo voy a decir ya, me gusta la Navidad. Y me gusta mucho más desde que puedo seguir en directo los partidos del día 25 (también desde que Sufjan Stevens hace villancicos, para qué negarlo). Ya, ya sé que hay mucho hater de esas fechas (que se lo digan a Curry), pero que no se preocupen, ya han terminado. Lo sé porque hoy hemos recogido los adornos, el árbol, las luces y hemos borrado los dibujitos de las ventanas. De la Navidad solo me quedan cuatro kilos más y algunas reflexiones.

Hay ciertos relatos muy anclados a las fiestas invernales para los de mi generación y anteriores (y posteriores). Uno es, por supuesto, Cuento de Navidad de Charles Dickens, ya sabéis, el de los fantasmas que visitan al amargado del señor Scrooge. Hay infinitas versiones, desde los teleñecos (con Michael Caine haciendo de Scrooge) hasta Bill Murray han llevado a la pantalla este clásico de la literatura del XIX. La moraleja es bien conocida, hay que celebrar, disfrutar y ser generoso si no quieres que tu partida, en lugar de llorada, sea celebrada. El otro gran relato es sin duda ¡Qué bello es vivir!, la película de Frank Capra en la que James Stewart interpreta a George Bailey, un hombre desesperado, a punto de suicidarse hasta que el ángel novato Clarence le enseña cómo sería su pueblo si él no estuviera. Mientras esperaba el comienzo del Sixers – Celtics de la noche de Navidad pude ver que la estaban emitiendo en La 2, recuperando así una tradición clásica.

En fin, esto me hizo pensar en algunos paralelismos entre estos relatos y lo que ha ocurrido en algunas franquicias. A LeBron, por ejemplo, no le hace falta ningún Clarence o Espíritu de las Navidades Presentes para saber cómo le irían a los Cavaliers sin él, aunque no parece tener problemas con eso. De hecho, al pensar en un posible George Bailey de la NBA me imaginaba más bien a Tyronn Lue mirando la corriente del río, qué sé yo, Missouri, pensando en su breve y fulgurante carrera como entrenador, añorando a Irving y James mientras tararea “Too much Love will kill you”. Respecto al señor Scrooge, no se me ocurre un candidato mejor que Tom Thibodeau. No sé si se le presentarían tres espíritus durante la Nochebuena, si fue así, se ve que no les hizo mucho caso, porque no parece que la partida de Thibs haya sido muy llorada, ¿fue su estancia celebrada? ¿Su llegada acaso? Bueno, quizás esta despedida abrupta ha sacado una sonrisilla a Ricky y a Pau.

bron

Una cosa más, el periodo navideño ha dejado muchas imágenes llamativas, pero mi favorita es la de LeBron entrando en el Staples con una copa de vino tinto en la mano, ¿no sería maraviloso que el brindis con vino sustituyera al puro de Jordan como icono de las celebraciones del anillo? Cada día me cae mejor este tío.

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