Showtime

Es verdaderamente admirable la capacidad de la NBA de convertir en un espectáculo apasionante absolutamente todo lo que pasa en la liga y alrededores. Lo último, ya se sabe, está siendo la inenarrable disputa por Anthony Davis en el Gran Bazar de Nueva Orleans. No me avergüenza reconocer que estoy siguiendo los movimientos en el mercado de esta última semana con verdadera pasión, hasta el punto de poner más interés en estos asuntos que en la propia competición. Algo me dice que el relato de estos últimos siete días se podría convertir en las manos apropiadas en un drama shakesperiano. Pero es que encima, a estas alturas (20:09 del miércoles 6 de febrero), aún queda lo mejor.

Hasta hace cinco o seis días seguía convencido de que los Celtics tenían ventaja en esta historia y que se iban a llevar a La Ceja en verano, debido a las palpables reticencias de Pelicans a traspasar a su estrella a Los Ángeles. Que esas reticencias existían es un hecho que ha quedado completamente demostrado. La última oferta de Lakers, que hasta esta misma hora parece seguir sin respuesta, incluiría a Lonzo Ball, Kyle Kuzma, Brandon Ingram, Josh Hart, Ivica Zubac, Kentavious Caldwell-Pope y dos futuras rondas del draft. Es decir, el oro y el moro, la casa por la ventana, más cera que la que arde o, simplemente, una barbaridad. Ante estas auténticas locuras (¿es más valioso Davis que todo un quinteto de buenos jugadores jóvenes y varios suplentes?), no cabe duda de que los directivos de Pelicans están obligando a Lakers a hacer una oferta irrechazable. Hasta tal punto no quieren enviar allí a Davis. Pero también es verdad que están situando el listón muy alto para cualquier otro equipo. Al principio de toda esta historia me hacía ilusión ver a Davis en Boston (mi corazoncito es verde, algún día hablaremos de ello), pero imaginando que el traspaso se podría realizar por Hayward, alguna combinación con Brown, Smart, Morris y primeras rondas o algún otro pack en el que no estuviera incluido Tatum. Si hay que perder a Tatum la cosa deja de hacerme tanta gracia. Tampoco me gustaría que Celtics dejaran pasar la oportunidad de conseguir a Marc Gasol, por ejemplo, por la esperanza vana de quedarse a La Ceja en verano.

lebron

Con todo, la imagen de la semana se produjo hace unas pocas horas en Indianápolis. Ya sabéis cuál, ¿no? LeBron sentado al final del banquillo, cuatro asientos más allá que el resto de sus compañeros, como si la hilera de butacas fuera la balanza en la que Magic está calculando el peso de una estrella. A todo esto, el partido se resolvió con una paliza de lo más humillante a favor de los Pacers, que ojalá, ojalá, se recuperen de ese inmenso dolor que supuso la rotura de Oladipo. Un crujido de ligamentos que sentí aquí, a orillas del Duero, tanto como si viviera en el mismísimo French Lick. Ojalá, digo, se recuperen y se mantengan en playoffs. Serían un bonito ejemplo para los Lakers y su balanza de pesar estrellas.

P.S. Como el siguiente podcast se graba el viernes habrá tiempo para dejar algún mensajito en el buzón comentando el cierre de mercado. Pero aprovecho para mandarle ya un pase a Chema desde aquí, por favor, especial Knicks y traspaso de Porzingis.

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