UNA PRIMAVERA CUALQUIERA

Mi relación con la NBA, como imagino que la de todos, ha pasado por diferentes etapas. Llegué a ella, o más bien ella llegó a mí, a mediados de la década de los 90 a través de algunos resúmenes o highlights fugaces, cuando aún era yo bastante renacuajo y transitaba la EGB.

Penny, sobrado de clase, no tanto de rodilla.

Recuerdo que por aquella época el ídolo absoluto de la liga era Michael Jordan. Y también el mío, no os voy a engañar. Pero también hubo un par de jugadores que rápidamente llamaron mi atención y que aún los conservo en el recuerdo con mucho cariño, como mis primeros jugadores favoritos que eran más míos, más por decisión propia, y menos por aclamación popular (aunque por supuesto también eran estrellas). Estos eran Penny Hardaway (esa camiseta de los Magic, negra, rallas blancas, número 1, sigue siendo mi favorita de todos los tiempos) y Reggie Miller. Por su forma de jugar, por supuesto, y un poco por ser de la conferencia Este, por la cual no sé por qué siempre he sentido cierta predilección. Pero también por ser un poco los tapados, los que están arriba pero no en la cima. Los aspirantes.

Después llegó el nuevo milenio, y con el desembarco de Pau (y en menor medida de Raúl López) llegó una mayor atención social y mediática de la NBA. En aquellos años mi atracción por los Sacramento Kings de Rick Adelman (siempre me los cogía en el NBA Live) fue absoluta. Aquel estilo magnético y dinámico de jugar que te dejaba pegado a la pantalla, aquel quinteto que repetiremos de memoria mientras esta no nos falle (Mike, Doug, Pedja, Chris, Vlade), con ese par de serbios que nos hacían sentir un poco orgullosos del espíritu europeo, mediterráneo, y que evocaban aquella maravillosa Yugoslavia que pudo ser y ya nunca más fue. Y, por supuesto, también, los aspirantes. Aspirantes que mis odiados Lakers (odiados en aquel momento, luego con Pau la cosa cambiaría) borraron del mapa con un triple de Horry en el sexto de las finales del oeste de 2002 que todavía recuerdo ver en directo, como si fuera ayer, doliéndome y haciéndome sonreír a la vez. Porque eso es o debiera ser el deporte. Disfrutar hasta en la derrota.

Después llegaron mis primeros años universitarios y me alejé. Digamos que empecé a dedicar la noche a otras cosas. Cosas de la edad. Pero al ir acabándose la primera década de los dos mil y empezando la siguiente, entre finales olímpicas, Pau en los Lakers y la llegada masiva de españoles a la liga (Rudy, Navarro, Marc, Ricky, Sergio, Ibaka…), fui volviendo a interesarme.

Es curioso, y creo que no es algo que me pase solo a mí, el escaso sentimiento patrio que tengo en general, y sin embargo lo orgulloso que me hacen sentir los jugadores españoles de baloncesto, e incluso los europeos, cuando juegan en la NBA. Una especie de sensación de superación, pero también de integración, como con cierto regusto democratizante.

Y llegados a este punto de mi historia es cuando las cosas se precipitan. Cuando de repente los meses, las semanas y los días no corren a la velocidad habitual, al menos en lo que a baloncesto respecta. Cuando te empiezas a sumergir y sumergir, y de repente un día te paras y te escuchas pensar: “joder, como mola esto”.

Esto sucedió en los Playoffs de la primavera de 2015. La temporada regular había estado marcada por la irrupción de los Warriors de los Splash Brothers, que consiguieron el mejor récord. Los dos cocos del oeste a priori, Thunder y Spurs, arrastraron problemas de lesiones toda la temporada, así que el gran rival de los de la bahía fueron los Memphis Grizzlies. Los Grizzlies de Marc, del Grit and Grind, de Conley y Zbo, y de Tony Allen.

Por el otro lado, el este había sido dominado por los sorprendentes Atlanta Hawks de los cuatro All Stars, pero el gran favorito seguía siendo Lebron, ahora de vuelta en Cleveland. El otro gran aspirante eran los Bulls de Thibodeau, con un renacido Rose, un muy mejorado Butler, y con Pau y Mirotic en sus filas. Sobre todo Pau había hecho una gran temporada, revindicándose tras su etapa final en los Lakers, y se había granado un puesto como titular en el All Star, donde junto a su hermano protagonizaron aquel histórico salto inicial.

Los Gasol. El tercero era el mejor.

Ante este panorama, los Playoffs se presentaban bastante abiertos. Las dos últimas finales las habían copado los Heat y los Spurs, pero los unos ni se clasificaron para la postemporada, y los otros cayeron en primera ronda de manera sorprendente ante los Clippers de Chris Paul, cuando todos esperábamos que en playoffs se mostrasen intratables.

El resto de la primera ronda transcurrió sin sobresaltos; Cavaliers y Warriors barriendo, y los demás aspirantes ganando con más o menos problemas. Solo Toronto de entre los cabezas de serie cayó ante los Wizards, pero por aquellos tiempos eso no era una sorpresa.

Pero una vez acabada la primera ronda, empezó lo realmente bueno. Las semifinales quedaron configuradas con un Warriors-Grizzlies y un Rockets-Clippers por el Oeste, y un Cavaliers-Bulls y un Hawks-Wizards por el Este. La sensación era que quien ganase el Cavaliers-Bulls iría a la final, y lo propio en el Warriors-Grizzlies. Ni Rockets ni Clippers daban la sensación, ni la habían dado en toda la temporada, de equipo lo suficientemente sólido como para hacerle frente ni a Warriors ni a Grizzlies a nivel Playoffs. Y por el Este más de lo mismo: los Wizards aún parecían demasiado inexpertos (salvo por Paul Pierce, que por cierto se marcó unos cuantos canastones de genio en esta serie) y los Hawks, demasiado blandos y faltos de referente ofensivo.

Así que nos encontrábamos con dos series que prometían ser apasionantes, cada una en un lado del cuadro y con un hermano Gasol como parte fundamental del equipo aspirante, el que aspiraba a tumbar al gran favorito. Y no decepcionaron.

El primero se jugó un 3 de mayo en la bahía y, la verdad sea dicha, tuvo poca historia. Los Warriors sacaron el rodillo y dominaron de principio a fin, imponiéndose con un marcador final de 101-86. De nada sirvieron los 21 puntos y 9 rebotes de Marc. La ausencia de Conley por lesión fue demasiado y permitió a Curry llevar la manija del partido ante unos Grizzlies faltos de armas en ataque. Las sensaciones no eran muy positivas, pues a cada intento de acercamiento de los de Tennessee respondían los californianos con un parcial ofensivo como si no les costase nada. Sin embargo el segundo de la serie, con Conley ya de vuelta, sería otra cosa.

Al día siguiente, 4 de mayo, primer partido en Cleveland. Y los Bulls golpeaban primero. Salieron como un vendaval desde el principio y consiguieron rentas superiores a los 10 puntos desde el primer cuarto, aunque un enorme Kyrie Irving en el segundo limó la diferencia a 5 antes del descanso. La segunda parte fue un toma y daca con ambos equipos poniendo todo lo que tenían sobre la mesa, pero con unos Bulls que, basados en la defensa y en un gran Derrick Rose, supieron aguantar el tipo y mantenerse por delante hasta el final.

Hay una jugada en particular que recuerdo de este partido, y de esta serie en general, pues se repitió infinidad de veces. Bloqueo de Pau a Rose, Mozgov acude a la ayuda, Pau se abre, Rose se la pasa, tiro liberado de Pau desde 6 metros. Dentro. Una y otra y otra vez. Parecían no tener respuesta los Cavs.

El caso es que el primer golpe estaba dado. De repente, la hazaña parecía posible. Y más aún cuando, a la noche siguiente, los Grizzlies derrotaban a los Warriors en el Oracle en un autentico partidazo. Liderados por Mike Conley, que esta vez ya pudo jugar aunque llevando una aparatosa máscara para protegerle su reciente operación facial, los de Memphis empezaron como una moto y lideraron el partido desde la defensa de principio a fin. Dejaron en menos de 40 puntos a los Warriors en la primera parte, y no les permitieron encontrar su ritmo en ataque ni un instante. Sin tiros liberados para los de la bahía, las ayudas llegaban a todas partes, la zona era un hervidero de manos en el que era imposible aventurarse, y el ruidoso público de Oracle que se quedaba mudo. 97-90 final. Tony Allen, Marc Gasol y Mike Conley en toda regla, dejando a Curry en 19 puntos y un 7/19 en tiros y a Klay en 13 puntos y 1/6 en triples. Increíble.

El segundo en Cleveland, por su parte, no tuvo mucha historia. Como suele suceder cuando el equipo con factor cancha a favor pierde el primer partido, los Cavaliers salieron a por todas sabedores de que le iba la vida en ello, mientras que los Bulls salieron bastante relajados sabiendo que ya tenían los deberes hechos de ganar un partido a domicilio. Partido prácticamente resuelto en el primer cuarto, que termino con 20 arriba para los locales, y 106-91 final para Cleveland. 1-1 y camino de Chicago.

Mi interés iba creciendo día a día. Partido a partido. El 7 de mayo no hubo partidos, así que me leí todos los artículos de opinión, todos los análisis, todos los comentarios que encontré. Una final de la NBA Pau y Mirotic contra Marc, de repente, parecía posible. No solo posible, sino perfectamente factible, al alcance de la mano.

Y así llegamos a los días 8, 9, 10 y 11 de mayo. Días en los que la victoria pareció primero casi una certeza y después una quimera. Días en los que los sueños parecían hacerse realidad, para desvanecerse un instante después. Días, en definitiva, en los que descubrí que en esta liga, como en la vida misma, todo puede pasar, y todo puede cambiar en un instante, en un choque, en una decisión.

Pero no nos adelantemos. Los días 8 y 10 de mayo se jugaron el tercer y cuarto partido de la serie entre los Bulls y los Cavs, y ambos siguieron un guion muy parecido. Ambos fueron igualados hasta el final, ambos se resolvieron con una canasta sobre la bocina, y ambos fueron partidos de marcador bajo, dominados por las defensas. Sin embargo, hubo una diferencia que terminó siendo vital. Pau Gasol se lesionó en la segunda parte del tercer partido. Sin él, los Bulls consiguieron aguantar y llevarse ese tercer encuentro, gracias a una actuación estelar de Rose, triple sobre la bocina incluido para ganar 99-96. Pero en el cuarto partido su ausencia se notó demasiado, su experiencia en partidos de este calibre y sus puntos en la zona o a través de pick and pop imparable del que antes hablaba. Sobre todo cuando, en el cuarto cuarto, lo nervios atenazaron a los de Illinois y seis o siete minutos casi sin anotar. Al final ese cuarto partido se decidió con canasta sobre la bocina también, pero esta vez de Lebron. 86-84 Cavs.

Entre el tercer y el cuarto partido se mantuvo la incógnita de si Pau finalmente podría jugar o no y, cuando finalmente se confirmó la noticia de su baja por un problema muscular, yo ya me temía que lo peor iba a pasar, y que el frágil castillo de naipes se iba a venir abajo. Porque la ventaja que estaban teniendo los Bulls sobre su rival era mínima, y una ausencia tan sensible como la de Pau posiblemente sería demasiado, como al final terminó sucediendo.

Además, este es un deporte muy de momentos, de estados de ánimo, de rachas y dinámicas, y tras el tercer partido todo soplaba a favor de unos Bulls repletos de confianza y que se veían con capacidad real de derrotar al gran favorito, mientras que a los Cavs parecían estar entrándole dudas, miedo a perder, y no se les veía nada cómodos sobre la pista ni capaces de desplegar su juego.

Pero tras ese cuarto partido todo cambio, la dinámica positiva, el viento favorable cambió de bando, y ya los Bulls poco pudieron hacer. Pelearon en el quinto, de vuelta en Cleveland y ya con Gasol recuperado, pero ni tan siquiera se acercaron a asustar a unos Cavs que tuvieron el partido bajo control en todo momento y terminaron imponiéndose por 106-101. Y en el sexto, en Chicago, con la moral ya destrozada y muy pocas esperanzas, tal y como expresaba su lenguaje corporal, apenas aguantaron 18 minutos antes de entregar la cuchara y terminar perdiendo por 21 puntos y anotando solamente 73.

La otra serie, por su parte, siguió un camino bastante distinto, aunque con idéntica conclusión. El 9 de mayo se jugaba el tercer partido de la serie entre Warriors y Grizzlies. Todo el mundo esperaba una reacción de los de la bahía, los grandes favoritos al anillo, y no decepcionaron. Salieron mordiendo, más intensos desde el minuto 1 y queriendo dejar claro por qué habían sido el mejor equipo de la temporada regular. Sin embargo, los Grizzlies no se amilanaron. Todo lo contrario, vieron su intensidad defensiva y subieron dos más. De nuevo manos por todas partes, de nuevo robos y transición, y de nuevo ataque forzando en la zona, donde los Warriors eran un poco más débiles. En el segundo cuarto llegaron a ponerse 16 arriba, y en el tercero, cuando los Warriors de nuevo apretaron e intentaron acercarse, apareció Zach Randolph para dar todo un clinic de movimientos en la zona. Al final, y pese al arreón final de los Warriors, que llegaron a ponerse a 4 a falta de 3 minutos, los Grizzlies mantuvieron la cabeza fría y se llevaron el partido por 99-89, con 22 puntos de Randolph y 21 y 15 rebotes de Marc.

En este momento todo parecía encaminado. Los Warriors no encontraban la manera de hincarle el diente a los Grizzlies, y parecía que por fin había llegado el momento de los de Tennessee. Además, en ese día aún planeaba sobre el ambiente la duda de si Pau finalmente jugaría o no el cuarto partido. Y en las otras dos series, a los Hawks les estaba costando la vida superar a los jovenes Wizards, quienes tampoco parecían una seria amenaza de cara a unas eventuales finales de conferencia, sobre todo por su inexperiencia. Y por el otro lado, los Clippers estaban dominando con una hasta cierto punto sorprendente superioridad a los Rockets, aunque su incapacidad para cerrar series en el pasado nos hacía desconfiar de ellos. De hecho, su hundimiento en el último cuarto del sexto partido, que terminó provocando la victoria y el pase a la final de conferencia de los Rockets aún se recuerda como uno de los más sonados de la historia reciente de la NBA.

Pero como decía, en ese momento, en la mañana de aquel 10 de mayo de 2015, todo parecía aún posible. Memphis dominaba a Golden State, Chicago dominaba a Cleveland, y ni los Hawks parecían superiores a los Bulls, ni Clippers o Rockets a los Grizzlies. Luego en una serie a 7 partidos pueden pasar muchas cosas, y entran mil variables en juego, como lesiones, ajustes y demás. Pero en aquel momento, en aquel preciso momento, la final de la NBA Pau Vs Marc parecía más cerca que nunca.

Sin embargo, el resto es historia, como se suele decir. La serie del este se resolvió como ya os he comentado, y la del oeste fue casi más dolorosa aún, pues no hubo ninguna lesión de por medio. Solo una contundente demostración de superioridad, un hermosísimo despliegue tanto defensivo como sobre todo ofensivo por parte de los Warriors, y un detalle. Un pequeño detalle que sin embargo cambió todo. Una decisión. Un ajuste.

El cuarto partido, jugado en Memphis el 11 de mayo de 2015, comenzó como el tercero. Con los Warriors empujando con todo y los Grizzlies apretando los dientes, aguantando y respondiendo con sus armas. Grit and Grind de toda la vida. Pero pasados unos minutos, apenas unos instantes, Steve Kerr hizo una señal desde el banquillo y los Warriors ejecutaron su plan maestro. El plan genial de Steve Kerr que desmontó por completo el ataque de los Grizzlies. El plan era perfecto en su simpleza. La defensa de los Grizzlies les estaba haciendo añicos. Una de las claves, sino la principal, de dicha defensa, era Tony Allen. Tony Allen en ataque ni tiene rango de tiro, por lo que se le puede dejar abierto sin problema. Pues cambiamos de asignación, y colocamos nuestro center, Andrew Bogut, a defender a Tony Allen, y que le flote, que le dé todo el espacio del mundo para tirar desde lejos, pues no lo va a hacer, y que mientras tanto patrulle la zona y esté atento a todas las ayudas que tenga que hacer por dentro. Así, consiguieron colapsar el juego interior en ataque de los Grizzlies y taponarles su principal vía de anotación. ¿La única salida que tenían los de Tennessee? Sentar a Tony Allen, perdiendo así su principal defensor de perímetro, cosa que por supuesto agradecerían un tal Stephen Curry y un tal Klay Thompson.

Y así fue. El ataque de los Grizzlies colapsó, se vieron obligados a atacar una zona súper poblada. Empezaron a perder infinidad de balones, lo que dio pie a contraataques y canastas fáciles de los Warriors, que les permitieron coger ritmo en ataque para luego acribillaros desde la línea de 3. Un plan maestro para el cual los de Memphis no tuvieron respuesta ni en el cuarto, donde acabaron perdiendo por 101-84, ni en el quinto, ya en la bahía, donde perdieron 98-78, ni en un sexto partido que perdieron por 108-95.

De nuevo, como en la serie de Bulls y Cavs, un detalle había cambiado ligeramente la dirección del viento, y la confianza y el momentum habían hecho el resto.

Lebron y Curry. Alfa y Omega de la NBA

A menudo se suele decir que las series igualadas de playoffs, como estas dos lo fueron, se deciden en los quintos partidos, a los que se llega con empate a 2. Sin embargo, en esta ocasión yo creo que fueron los cuartos partidos los que decidieron completamente el destino de ambas series, y en realidad del futuro de la liga. Porque en las finales de conferencia ni Cavs ni Warriors se toparon ni con la mitad de problemas que habían tenido en las semifinales, y la gran final, Cavs-Warrios, Lebron contra los Splash Brothers, no solo se dio ese año sino también durante los tres siguientes, fijando un nuevo récord de más finales consecutivas iguales con cuatro. Un récord, unas finales que ahora recordamos como míticas, pero que estuvieron a punto de no suceder, a punto de ser evitadas, en una semana de primeros de mayo de 2015. Una semana que, para mí, significó mi regreso por todo lo alto a esta gran liga.

Un abrazo a todos.

Borja Rabasco.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .